La naturaleza, con la caída de las hojas, nos ejemplifica muy bien qué implica el otoño. La energía de las plantas va hacia adentro para poder hacer frente al frío del invierno, los días comienzan a acortarse y invitan a la introspección, a preservar nuestra esencia.

La melatonina aumenta y la serotonina disminuye, de ahí la falta de energía, la sensación de cansancio, tristeza, somnolencia … Es una época que se caracteriza por los cambios y es necesario que el cuerpo esté preparado para adaptarse.

 

Para acortar este tiempo de adaptación a la nueva estación podemos:

  • Vigilar la dieta y hábitos alimenticios, y normalizar el horario de las comidas. Una buena opción es ir reduciendo los crudos e ir introduciendo platos más calientes, por ejemplo con cremas a la hora de cenar.
  • Dedicar las horas necesarias al descanso y al sueño.
  • Hacer ejercicio físico de forma regular y adaptado a nuestras características.
  • Seguir tomando el sol en la medida de lo posible. La luz solar es la responsable del control de algunos niveles hormonales.
  • Incluir a las infusiones equinácea o propóleos, que refuerzan el sistema inmune.
  • Y finalmente, optar por hacer una limpieza de hígado, que puede estar cargado de todos los excesos del verano. En la fitoterapia, encontramos el boldo, el cardo mariano, alcachofa, diente de león …
  • Fijarse en los alimentos que nos ofrece la naturaleza en esta época.

Teniendo en cuenta que es una época que se caracteriza por los cambios, es necesario que el cuerpo esté preparado para adaptarse. Hay que aumentar y reforzar las defensas, hay que hacer provisión de nutrientes que el cuerpo esté preparado para el reto que se presenta, evitar una bajada de defensas y estar listo para la llegada del frío.

 

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